miércoles, 4 de junio de 2014

¿Cambiar de pareja cada 5 años?

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  Me sorprendió que Rafael Santandreu,  Psicólogo y autor del libro más que recomendable "El arte de no amargarse la vida", le diera un enfoque tan desalentador al futuro de las relaciones de pareja y en definitiva al "futuro" del amor. 

  Estoy tan en desacuerdo que abro blog nuevo sólo para soltar mi parrafada sobre el tema. Aunque bien es cierto que hace tiempo que me apetecía recuperar mi faceta de bloggera, por lo terapéutica y divertida. Así que aquí estoy … 

  Lo primero que me vino a la mente fueron mis dos abuelas, sólo tuvieron una pareja a lo largo de su vida y apuesto a que jamás se sintieron esclavas de ellos, es más, me consta que las dos vieron partir a sus respectivos maridos realmente enamoradas. Evidentemente son dos ejemplos aislados, pero dudo también que la mayoría de las parejas de aquella época hayan perdurado por presión del hombre hacia la mujer. Me parece una generalización impropia de alguien que se supone cercano a la ciencia y que debería, por ende, defender el rigor científico la Psicología se merece. De verdad que me gustaría leer el estudio que avala su afirmación (si es que lo hay, claro). 

 Es verdad es que no somos del todo monógamos, tengamos o no pareja, podemos sentirnos atraídos por otras personas, lo que no quiere decir que nos convierta a todos en infieles. Sí es cierto que la infidelidad se da y a veces porque uno no está enamorado; pero otras muchas también porque hay carencias en la pareja, del tipo emocional, sexual e incluso a veces, es la propia genética del individuo la que lo hace más propenso a serlo… Lo que quiero decir es que infidelidad no siempre tiene que ser sinónimo de de que no se quiera a la otra persona. La decisión en última instancia, de perdonar o no, depende de cada uno. 




  Está en lo cierto en cuanto a que las estadísticas dicen que las parejas de la actualidad, en su mayoría, terminan separándose y también se sabe que hay distintos tipos de amor y que éste suele pasar por diferentes etapas. Por lo general la pasión disminuye con el paso de los años pero también aumenta la intimidad y el compromiso; y es en este punto donde se pueden lanzar todo tipo de suposiciones, algunas tan irresponsables como la que se promulga en el citado artículo. En el sentido de que los Psicólogos, en cierta manera son un tipo de referencia de la gente y me temo que es deber de éstos ser prudente a la hora de puntualizar lo que se basa en datos y lo lo que se basa en hipótesis o meras opiniones. 

  Desde mi humilde punto de vista, la solución no está en "Querer, sin necesitar". De hecho, si nuestros ancestros de las cavernas no se hubieran necesitado, ya no sólo como pareja y familia,  sino como grupo que comparte cultura, yo no estaría aquí escribiendo ni vosotros leyendo esto. De hecho, tan importante es para la especie humana el vínculo con los demás   que hay hormonas, como la oxitocina, que favorecen la unión de pareja o la estrecha relación entre madre e hijo. Tan importante es el vínculo, que esta hormona se segrega incluso cuando damos un abrazo o reímos con amigos.

Partiendo de la base de que biológicamente estamos preparados para necesitar a los demás, la afirmación de “querer sin necesitar” dejaría de tener sentido. Eso sí, necesitar no es lo mismo que depender; y que por relación dependiente entenderíamos esa forma de relación patológica en que la persona sufre y hace sufrir, más relacionada con querer dominar y poseer al otro. 

  Pueden ser muchos los factores que pueden estar influyendo en el fracaso de las relaciones de pareja y desde mi punto de vista, cabría que analizarlos antes de establecer relaciones causa efecto. Quizás algo tenga que ver la verdadera esclavitud a la que la mujer actual, sí sí actual, está sometida (y lo digo sin ningún tipo de pudor, pues así lo pienso).  No es que crea que la mujer tiene que volver a  estar como antaño, reprimida en casa limpiando y haciéndose cargo de los críos, ni mucho menos ; sino porque la mujer de hoy tiene muchos más roles en los que cumplir expectativas que la sociedad espera de ellas. La mujer de hoy no da hecho, no sólo limpia a diario y en domingo, sino que también cuida de hijos y  mayores durante más tiempo porque la esperanza de vida ha aumentado y además trabaja fuera de casa o al menos lo intenta. Esa es la realidad y ¡ojo!, no porque el hombre necesariamente tenga la culpa. Los hombres de nuestra generación no son machistas y por lo general, entienden que las labores de casa y crianza hay que compartirlas si la mujer trabaja; la única diferencia es que ellos no están dispuestos y con razón, a hacer lo inhumano para que todo esté perfecto. Con todo ésto quiero decir, que la mujer está estresada porque se exige demasiado a si misma... ser buena ama de casa, ser buena trabajadora, buena madre, buena hija y buena esposa y de paso tiene que llevar el pelo perfecto. El día tiene 12 horas, es prácticamente imposible ser buena en todo sin despeinarse.

 A mayores hay cierta confusión de lo que es realmente el amor y poca conciencia de su transito por los diferentes estadios de la vida. Hay quien lo idealiza, explícita o implícitamente, como “algo maravilloso, perfecto y duradero que tiene que encontrar para ser feliz”; y quien, con una visión totalmente opuesta como la de este psicólogo, sostiene "que no deberíamos establecer vínculos duraderos más allá de los 5 años”. Respecto a  ésto  último, ¿Qué consecuencias conllevaría para los hijos de estas personas del futuro? ¿Rodarían con ellos por el mundo eternamente de "mudanzas amorosas"? No lo veo claro, ni creo que nadie se pueda desarrollar sanamente así.

  Casi todo el mundo sabe que la pasión del primer año disminuye efectivamente, que “la cosa se relaja" y aparecen los defectos de la otra persona. En este punto muchos tiran la toalla. Evidentemente hay parejas que por mucho que lo intenten no se ajustarán en esta etapa porque sus diferencias son insalvables. Aunque parezca obvio, la compatibilidad de caracteres, al menos en los valores importantes para la persona, es lo primero a tener en cuenta  a la hora de buscar pareja. Los de "los polos opuestos se atraen" suele quedase en “polos opuestos” cuando la pasión disminuye. Pero si la pareja se ajusta y encuentra que lo que le aporta el otro sigue compensando aún con sus defectos , la pareja continuará. En este punto es donde Erich Fromm podía darnos unas cuantas claves sobre como sobrevivir a los 40-50 años de amor que nos queden por delante. Pero tampoco hace falta leerse manuales, quizás con preguntarle a las parejas que llevan muchísimos años juntas que es lo que las mantiene unidas mas allá de los cinco años nos darían la clave de la parte positiva que tiene el establecer vínculos duraderos. Lo bueno de permanecer juntos es que crece la intimidad, la confianza, la comprensión profunda del enfoque vital, pensamientos, sentimientos, preocupaciones de la otra persona. La sexualidad puede que no sea tan frecuente, pero no por ello quiere decir que sea peor, sino que se vive sin complejos, con sentido del humor, ternura y complicidad. Todo ésto, es el amor bien entendido, y nos puede dar mucha más satisfacción y felicidad que las mariposas del estómago de los primeros años. Pero para llegar a este punto se necesita tiempo y esfuerzo, dejar de tener una visión egocentrista del amor, aprender a perdonar, empatizar y en definitiva, dar mucho de uno mismo.

  De las diferencias, tanto positivas como negativas, que podemos encontrar entre la sociedad de nuestros abuelos y la nuestra, me gustaría destacar una que me parece importante y es que ellos no estaban bombardeados por  unos medios que nos educan para que elijamos “el placer de lo inmediato”  frente a las “a las mayores recompensas a largo plazo” que suelen conllevar esfuerzo y autocontrol. Quizás el mismo mecanismo mental que nos dice: ¡cómpralo!,  ¡consúmelo! nos hace buscar “embriaguez hormonal” propia de la primera etapa de una relación, frente al placer de caminar por la vida con la misma persona, de compartirlo todo, desde la familia, los sueños hasta los más profundos pensamientos emociones. Ver crecer a hijos y nietos en común, hacerse viejos y tozudos juntos. ¿Me van a contar que no hay felicidad posible en todo eso?  ¿A estas alturas de humanidad? Lo siento, pero no lo creo. Y  que conste que no digo que la felicidad no sea posible sin tener pareja, ni mucho menos. 

Yo propongo… 


         Empatizar, reinventarse, perdonar y reenamorarse cada cinco años. 


PD: Y si finalmente estoy condenada a fracasar en el amor, ojalá que siga fracasando eternamente contigo.